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Venciendo el terror a profetizar en público.

Por Jennifer LeClaire

 

Descubra pasos prácticos para declarar lo que el Espíritu de Dios dice sin miedo.

Tus manos tiemblan.Tu mente divaga. Tu voz se quebranta. Tus piernas tiemblan. Tu estómago es un nudo. Tu corazón siente que se te sale fuera de tu pecho. Si tú abres tu boca y le dices a la congregación lo que el Espíritu de Dios está diciendo, te arriesgas a que te apedreen -- o por lo menos que te cataloguen de un falso profeta indigno de representar a Jesús. (Esto es lo que tu mente, sobre actuando imaginativamente, te dice.)

Tienes terror profético -- y es tiempo a que lo sobrepases. Miedo es un arma que el enemigo usa contra profetas y gente con don profético para mantenerlos con sus bocas cerradas. Miedo es el método que él usa para hacer que te escondas en tu cueva en vez de hablar lo que el Espíritu de Dios dice. Miedo es la táctica que él utiliza para no dejarte compartir una información que puede ser muy vital para una persona o para todo el grupo.

Por supuesto, no es un truco nuevo. Si estudias los llamados y comisiones de los profetas del Antiguo Testamento, descubrirás que Dios ofreció el mismo consejo a muchos de ellos desde el principio: No temas. Le dijo a Jeremías que no tuviera miedo. Le dijo a Amos, no temas. Le dijo a Ezequiel, no temas.

Obviamente, el miedo es una de las primeras armas del enemigo que usa contra los profetas que están lanzándose con sus ministerios. El diablo sabe que sí puede detenerte antes que abras tu boca, entonces no tendrá que trabajar tan duro para matar, robar y destruir el fruto de tus declaraciones proféticas.

Dios le dijo a Ezequiel que no viera a la gente en sus rostros mientras profetizaba. ¿Por qué? Bien. ¿Alguna vez has estado enfrente de una congregación y te has fijado en sus rostros? Muchos de ellos parecen enojados. Otros parecen que estan a punto de dormirse. Otros parecen estar con sus mentes completamente en blanco. ¡Es aterrorizante allí arriba! Si la emoción de miedo no es suficientemente angustiosa, el diablo la sigue con una dosis de condenación por ser muy tímido para lanzarte en fe y hablar lo que tú crees que El Señor está diciendo.

Oh, seguro. Yo recuerdo haber estado en una reunión de oración de intercesión y sintiendo la unción del Espíritu Santo burbujeando. Yo sabía que El Señor me hablaba, pero cuando el líder llamó por alguien que tuviera una palabra profética que se levantara, yo me paralicé del miedo.

Ten en cuenta que tan sólo unos minutos antes yo estaba orando osadamente con el resto de ellos, reprendiendo principados y potestades, haciendo estragos en el campo del enemigo.

Entonces la “palabra del Señor vino a mí diciendo” y corrí a mi cueva (el baño de damas) donde estuve forcejeando conmigo misma, tratando de convencer a mi alma para que se sometiera al Espíritu.

¿Has visto las caricaturas de Looney Toons? Daffy o uno de los otros aparece con un angel hablándole en un oído y un diablo con cuernos y un sartén en el otro oído; así es como se siente. El Espíritu Santo hablaba en mi oído “Anda, habla la palabra, déjala salir.” Yo podia oír miedo hablando en el otro oído diciendo “¡Oh,caramba! Cállate la boca o vas a exhibirte como tonta.”

Y allí está la batalla. La raíz del terror a profetizar está en el miedo a que tu mensaje sea evaluado negativamente. Francamente es que es el miedo al hombre, o a lo que el hombre pueda pensar de ti, o la persecución que puede acarrearte. No podemos andar en el miedo a Dios y en el miedo a los hombres al mismo tiempo. Sobrepasar la etapa del terror profético a su más alto nivel significa temer a Dios más que a los hombres. El temor a hombres nos previene de profetizar la voluntad del Señor. Si nos preocupamos por lo que la gente pensara de nosotros, como podríamos entregar un mensaje osadamente? Selah (piensa y medita en esto).

Cuando andamos bajo temor de hombres, nos lleva a brujería, o manipulación de espíritus de Jezabel y brujería.

Como voceros de Dios, tenemos que someternos al Espíritu Santo, no a Jezabel ni a sus brujerías. El Rey Saúl es un buen ejemplo de cómo uno con un verdadero ministico y ungido de Dios puede caer en falsa autoridad espiritual o brujería, y sucumbir al miedo a hombres (1 Samuel 13:5-12). Si recibimos nuestra autoridad, seguridad y reconocimiento de hombres, podríamos terminar como Saúl -- en la casa de la bruja.

¿Entonces, como sobrepasamos prácticamente esto? La batalla está en la mente, ¿verdad? Entonces no medites en miedo, no entretengas pensamientos de miedo; que la mayoría de la gente quiere oír lo que El Señor quiere decir. No buscan destrozarte. Ellos están ansiosos de lo que el Señor está diciendo a través de tí. Recuerda el consejo del Señor a los antiguos profetas: No mires sus rostros. Manten tus ojos cerrados.

Ahora, toma control de tí mismo, concéntrate en la voluntad de Dios, no en tí mismo. Piensa en el amor de Dios por la gente y su deseo de hablarles. Debes estar dispuesto a sacrificar tu propio bienestar por el bienestar de su gente. Háblate a tímismo diciendo que el mundo no se acabará si nadie recibe la palabra de Dios que estás sirviendo. Nadie es perfecto. A tí mismo se te podría pasar. O tal vez ellos no reconocen la voz del Señor cuando la oyen. De todos modos, el mundo no se acabará y no te quedarás atrás en el rapto.

Algunas veces es la espera la que te mata. Esperando que la plataforma se abra tu ansiedad incrementa. Mantente recitando la palabra del Señor una y otra vez en tu mente hasta que tengas la oportunidad de hablar. Si haces esto , no le darás acceso a temerosos pensamientos.

Finalmente, no te niegues, no tengas miedo. Evadirlo sólo hace que el problema se haga más grande. Actualmente, miedo o terror al público o audiencia no es la apropiada forma de llamar a éste fenómeno. Es mejor llamarle pre-miedo al público. Una vez que abras la boca y empieces, el miedo usualmente se va. Si tu Goliat es el miedo, haz lo que hizo David, corre a la batalla y habla lo que el Espíritu de Dios te dice.

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