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Enemigos de lo Apostólico: El Espíritu Religioso

Por Jonas Clark

El espíritu religioso es un centinela demoníaco que se opone al trabajo de Dios.

¡Pobre de ustedes espíritus religiosos! parecen honrados, pero están llenos de hipocresía y maldad. Ustedes cierran el reino del cielo. Diezman con menta y eneldo y abandonan la justicia, piedad y fidelidad. Están llenos de avaricia y autoindulgencia. Hacen un espectáculo de la oración viajan sobre tierra y mar para ganar un alma y luego le hacen dos veces hijo del infierno a como son ustedes.

Jesucristo dijo estas palabras en el estilo apostólico verdadero cuando él encaró al espíritu religioso que operaba a través de los escribas y Fariseos. Para no confundirse con “pura religión” descrita como la visita a los huérfanos en aflicción y a las viudas en sus tribulaciones, y guardándose asimismo sin mancha del mundo (Santiago 1:26-27), un espíritu religioso es una fuerza demoníaca que influye a la gente para actuar devotamente, santurrón o súper espiritual. El espíritu religioso tiene una agenda claramente establecida: obstaculizar el camino de la obra del Señor.

El Cordero cariñoso se hizo valiente como un león ante el espíritu religioso porque este principado inicuo se opone a esfuerzos de llevar el Evangelio a las partes más remotas de la tierra, un aspecto vital del mandato apostólico. Y si este espíritu no puede impedirle creer, entonces tratara de distorsionar la percepción que usted tiene de Jesucristo de manera que usted no pueda cumplir con su destino. Tenga presente que no eran los paganos los que apedrearon y encarcelaron a Pablo por propagar el Evangelio. Fue la gente que dijo que amaba a Dios, los cuales intentaron obstaculizar el camino de la salvación atando al perdido y entorpeciendo el crecimiento de nuevos creyentes con los preceptos legalistas bajo los cuales Jesús murió para liberarnos. Eran muchos los escribas religiosos y Fariseos que estaban enojados porque los Gentiles eran permitidos entrar al reino sin la circuncisión carnal.

El espíritu religioso parece un poco diferente hoy. Los atuendos de religión no son filacteria y trajes largos; son vestimentas codificadas por color con títulos embellecidos que buscan darle a unos un rango espiritual más alto con Dios que a otros. A pesar de su aspecto externo, el espíritu religioso era un enemigo de lo Apostólico hace 2,000 años y es tan enemigo de lo apostólico hoy.

Nadie es inmune a las obras del espíritu religioso. Incluso los discípulos de Jesús cayeron víctima de su agenda asesina. ¿Recuerda a los hijos del trueno? Los discípulos estaban enfurecidos porque los Samaritanos no recibían a Jesús en su territorio y quisieron convocar el juicio incandescente de Dios en una ciudad entera. ¿Puede usted imaginar ser tan santurrón que usted quiera destruir una ciudad entera? Esto no es un comportamiento normal. Luego de oír su petición, Jesús respondió severamente a Sus discípulos: “ustedes no saben de que espíritu son” (de Lucas 9:52-55). Pero Jesús sabía exactamente de que espíritu los dos discípulos eran: un espíritu religioso.

Santiago y Juan no eran los únicos discípulos bajo la influencia de esta fuerza demoníaca. Cuando Jesús dijo a Sus discípulos que Él tendría que sufrir muchas cosas y ser asesinado, pero sería levantado durante el tercer día, Pedro lo llevó aparte para tener una conversación privada con Él y comenzó a reprenderle. ¡Jesús dijo, “quítate de delante de mí, Satanás!” (Mateo 16:23) Como Santiago y Juan, Pedro no sabía de qué espíritu era él aquel día. Jesús vio la influencia de un espíritu religioso obrando en Pedro y fue muy específico al reprochar a Satanás (el espíritu) y no a Pedro (la persona). Note también que Jesús habló directamente a Satanás, no a una actitud. Éstos son sólo un par de muchos ejemplos del espíritu religioso obrando en la Biblia.

Si el espíritu de religión pudo influir en los discípulos elegidos de Jesús, entonces todos somos vulnerables. A sabiendas o inconscientemente, el espíritu de religión ha afectado a creyentes y no creyentes igualmente hasta un cierto grado. Aquellos de nosotros que somos conscientes de este espíritu maligno continuamente batallamos sus efectos dañinos. Si no lo resistimos, entonces nos resiste a nosotros en nuestra búsqueda de una relación más cercana con Cristo, y no podemos crecer y madurar más allá de nuestra percepción de Quién es Jesús. Unos ven a Jesús sólo como el bebé en el pesebre otros le ven continuamente colgando de la cruz. Otros le ven sentado en medio de pequeños niños. Otros lo ven como a un cordero suave tranquilo. Y aún, hay muchas otras percepciones de quién Jesús realmente es. Sí, Él es todas esas cosas, pero Él es mucho, mucho más. Él es el León de la Tribu de Judá, el Señor de los Ejércitos, el de los Días Antiguos, el Rey de Gloria, y hasta el Hombre de Guerra.

Los espíritus religiosos son opositores peligrosos al Movimiento Apostólico porque los creyentes no pueden ser totalmente equipados para hacer exitosamente el trabajo del ministerio sin un conocimiento profundo de Quién es Cristo. Es mortal porque procura duplicarse haciendo que un nuevo converso se adhiera a y confíe en viejas leyes en vez de la gracia de Dios por la fe. Pablo advirtió a Timoteo sobre espíritus religiosos, llamándolos “traidores, impetuosos, infatuados, amantes de los deleites más que de Dios; teniendo una apariencia de piedad, pero negando el poder de esta: a estos evita” (2 Timoteo 3:4-5). ¿Cómo reconoce usted un espíritu religioso? El fruto del espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, y autocontrol (Galatas 5:22). El fruto del espíritu religioso, por otra parte, es fariseísmo, humildad falsa, obras religiosas muertas, tradiciones vanas e inestabilidad.

Lo apostólico no es solamente alejarse de la religión. Es contraatacar levantando a hijos e hijas espirituales verdaderos para continuar la obra de construir una iglesia gloriosa sin mancha o arruga. Las gracias apostólicas y proféticas no permitirán que la religión nos regrese a la Edad Media. Estas gracias son gracias edificadoras, gracias de gobierno, gracias dirigentes que no se doblarán a espíritus religiosos, pero los enfrentaran y tomarán dominio sobre ellos de modo que la Gran Comisión pueda ser realizada.

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