
El espíritu religioso es un centinela demoníaco que se opone al trabajo de Dios.
¡Pobre de ustedes espíritus religiosos! parecen honrados, pero están llenos de
hipocresía y maldad. Ustedes cierran el reino del cielo. Diezman con menta y
eneldo y abandonan la justicia, piedad y fidelidad. Están llenos de avaricia y
autoindulgencia. Hacen un espectáculo de la oración viajan sobre tierra y mar
para ganar un alma y luego le hacen dos veces hijo del infierno a como son
ustedes.
Jesucristo dijo estas palabras en el estilo apostólico verdadero cuando él
encaró al espíritu religioso que operaba a través de los escribas y Fariseos.
Para no confundirse con “pura religión” descrita como la visita a los huérfanos
en aflicción y a las viudas en sus tribulaciones, y guardándose asimismo sin
mancha del mundo (Santiago 1:26-27), un espíritu religioso es una fuerza
demoníaca que influye a la gente para actuar devotamente, santurrón o súper
espiritual. El espíritu religioso tiene una agenda claramente establecida:
obstaculizar el camino de la obra del Señor.
El Cordero cariñoso se hizo valiente como un león ante el espíritu religioso
porque este principado inicuo se opone a esfuerzos de llevar el Evangelio a las
partes más remotas de la tierra, un aspecto vital del mandato apostólico. Y si
este espíritu no puede impedirle creer, entonces tratara de distorsionar la
percepción que usted tiene de Jesucristo de manera que usted no pueda cumplir
con su destino. Tenga presente que no eran los paganos los que apedrearon y
encarcelaron a Pablo por propagar el Evangelio. Fue la gente que dijo que amaba
a Dios, los cuales intentaron obstaculizar el camino de la salvación atando al
perdido y entorpeciendo el crecimiento de nuevos creyentes con los preceptos
legalistas bajo los cuales Jesús murió para liberarnos. Eran muchos los escribas
religiosos y Fariseos que estaban enojados porque los Gentiles eran permitidos
entrar al reino sin la circuncisión carnal.
El espíritu religioso parece un poco diferente hoy. Los atuendos de religión no
son filacteria y trajes largos; son vestimentas codificadas por color con
títulos embellecidos que buscan darle a unos un rango espiritual más alto con
Dios que a otros. A pesar de su aspecto externo, el espíritu religioso era un
enemigo de lo Apostólico hace 2,000 años y es tan enemigo de lo apostólico hoy.
Nadie es inmune a las obras del espíritu religioso. Incluso los discípulos de
Jesús cayeron víctima de su agenda asesina. ¿Recuerda a los hijos del trueno?
Los discípulos estaban enfurecidos porque los Samaritanos no recibían a Jesús en
su territorio y quisieron convocar el juicio incandescente de Dios en una ciudad
entera. ¿Puede usted imaginar ser tan santurrón que usted quiera destruir una
ciudad entera? Esto no es un comportamiento normal. Luego de oír su petición,
Jesús respondió severamente a Sus discípulos: “ustedes no saben de que espíritu
son” (de Lucas 9:52-55). Pero Jesús sabía exactamente de que espíritu los dos
discípulos eran: un espíritu religioso.
Santiago y Juan no eran los únicos discípulos bajo la influencia de esta fuerza
demoníaca. Cuando Jesús dijo a Sus discípulos que Él tendría que sufrir muchas
cosas y ser asesinado, pero sería levantado durante el tercer día, Pedro lo
llevó aparte para tener una conversación privada con Él y comenzó a reprenderle.
¡Jesús dijo, “quítate de delante de mí, Satanás!” (Mateo 16:23) Como Santiago y
Juan, Pedro no sabía de qué espíritu era él aquel día. Jesús vio la influencia
de un espíritu religioso obrando en Pedro y fue muy específico al reprochar a
Satanás (el espíritu) y no a Pedro (la persona). Note también que Jesús habló
directamente a Satanás, no a una actitud. Éstos son sólo un par de muchos
ejemplos del espíritu religioso obrando en la Biblia.
Si el espíritu de religión pudo influir en los discípulos elegidos de Jesús,
entonces todos somos vulnerables. A sabiendas o inconscientemente, el espíritu
de religión ha afectado a creyentes y no creyentes igualmente hasta un cierto
grado. Aquellos de nosotros que somos conscientes de este espíritu maligno
continuamente batallamos sus efectos dañinos. Si no lo resistimos, entonces nos
resiste a nosotros en nuestra búsqueda de una relación más cercana con Cristo, y
no podemos crecer y madurar más allá de nuestra percepción de Quién es Jesús.
Unos ven a Jesús sólo como el bebé en el pesebre otros le ven continuamente
colgando de la cruz. Otros le ven sentado en medio de pequeños niños. Otros lo
ven como a un cordero suave tranquilo. Y aún, hay muchas otras percepciones de
quién Jesús realmente es. Sí, Él es todas esas cosas, pero Él es mucho, mucho
más. Él es el León de la Tribu de Judá, el Señor de los Ejércitos, el de los
Días Antiguos, el Rey de Gloria, y hasta el Hombre de Guerra.
Los espíritus religiosos son opositores peligrosos al Movimiento Apostólico
porque los creyentes no pueden ser totalmente equipados para hacer exitosamente
el trabajo del ministerio sin un conocimiento profundo de Quién es Cristo. Es
mortal porque procura duplicarse haciendo que un nuevo converso se adhiera a y
confíe en viejas leyes en vez de la gracia de Dios por la fe. Pablo advirtió a
Timoteo sobre espíritus religiosos, llamándolos “traidores, impetuosos,
infatuados, amantes de los deleites más que de Dios; teniendo una apariencia de
piedad, pero negando el poder de esta: a estos evita” (2 Timoteo 3:4-5). ¿Cómo
reconoce usted un espíritu religioso? El fruto del espíritu es amor, alegría,
paz, paciencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, y autocontrol (Galatas 5:22). El
fruto del espíritu religioso, por otra parte, es fariseísmo, humildad falsa,
obras religiosas muertas, tradiciones vanas e inestabilidad.
Lo apostólico no es solamente alejarse de la religión. Es contraatacar
levantando a hijos e hijas espirituales verdaderos para continuar la obra de
construir una iglesia gloriosa sin mancha o arruga. Las gracias apostólicas y
proféticas no permitirán que la religión nos regrese a la Edad Media. Estas
gracias son gracias edificadoras, gracias de gobierno, gracias dirigentes que no
se doblarán a espíritus religiosos, pero los enfrentaran y tomarán dominio sobre
ellos de modo que la Gran Comisión pueda ser realizada.
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